Barcelona, tendencia en consumo colaborativo

La economía y el consumo colaborativo es la base desde la que crece el coworking.

Una manera diferente de pensar que se transforma inevitablemente en una manera diferente de hacer. Aquí ya hemos hablado de estos conceptos, de la economía colaborativa y  de cómo ésta genera un consumo con un punto de vista diferente.

¿Qué es un consumidor colaborativo?

Un consumidor colaborativo es una persona que participa en modelos de consumo basados en compartir, intercambiar, alquilar, prestar o regalar bienes y servicios, a menudo mediados por plataformas digitales o comunidades en línea, en lugar de comprar y poseer productos de manera tradicional. Este tipo de consumo se sustenta en la idea de que el acceso a los bienes y servicios puede ser más importante o valioso que la propiedad física de los mismos.

Características de un consumidor colaborativo

  1. Preferencia por el acceso en vez de la posesión: Un consumidor colaborativo valora la capacidad de acceder a un bien o servicio cuando lo necesita, más que la necesidad de poseerlo permanentemente.
  2. Uso de la tecnología: Las plataformas digitales, aplicaciones móviles y redes sociales juegan un papel esencial en la economía colaborativa, facilitando las transacciones y la conexión entre oferentes y demandantes.
  3. Conciencia social y medioambiental: Muchos consumidores colaborativos están motivados por el deseo de reducir el desperdicio, promover la sostenibilidad y apoyar a las comunidades locales.
  4. Confianza en la comunidad: La economía colaborativa se basa en gran medida en la confianza entre desconocidos. Las evaluaciones, calificaciones y comentarios en las plataformas colaborativas ayudan a construir y mantener esta confianza.
  5. Flexibilidad y adaptabilidad: Están dispuestos a adaptar sus hábitos de consumo y a probar nuevas plataformas o servicios que se ajusten a sus necesidades.

Ejemplos de comportamientos de un consumidor colaborativo incluyen alquilar una habitación en su casa a través de plataformas como Airbnb, compartir un viaje con otros pasajeros a través de BlaBlaCar o Uber, alquilar objetos que raramente usa, o participar en intercambios de habilidades o servicios.

Las ciudades más colaborativas

Amsterdam fue hace poco nombrada como la capital de la economía colaborativa, de la mano de iniciativas como  ShareNL y de su CEO Harmen van Sprang.  

ShareNL trabaja estrechamente con startups, empresas, municipios, ministerios, Unión Europea, las universidades y los socios internacionales, y está consiguiendo que esta ciudad comience a transformarse, instaurando un modelo colaborativo de la mano de todos los organismos, entidades e instituciones de la que forman parte.

Junto con esta ciudad, Seúl es otro de los lugares de referencia. Seúl, la ciudad que comparte, es el nombre del proyecto que su alcalde, Park Won-Soon puso en marcha en 2012 y que la convierten en la ciudad más colaborativa oriental. Mediante esta iniciativa se busca que crezcan organizaciones más sociales, que promuevan un consumo inteligente y que revierta en el beneficio de la comunidad que la alberga.

En este artículo de El País podemos ver todas las actividades que esta iniciativa ha puesto en marcha, y el éxito que está teniendo.

Además, Barcelona está siendo la ciudad en España que más está siguiendo esta tendencia, llegando a ser referente no sólo en nuestro país sino fuera del mismo. El próximo mes de noviembre Barcelona albergará el evento Oui Share, uno de los más importantes a nivel internacional, siendo así la capital de la economía colaborativa.

¿Cuáles son los 4 impulsores clave del consumo colaborativo?

El consumo colaborativo, también conocido como economía colaborativa, se refiere a sistemas, plataformas y comunidades donde se comparten y se intercambian bienes y servicios, a menudo utilizando la tecnología como facilitador. Los cuatro impulsores clave del consumo colaborativo son:

  1. Tecnología y conectividad: El auge de las redes sociales, las plataformas en línea y las aplicaciones móviles ha facilitado la conexión entre las personas. Estas herramientas tecnológicas permiten a los usuarios compartir bienes y servicios con una facilidad sin precedentes, creando comunidades y redes de confianza.
  2. Conciencia ambiental: La creciente preocupación por el medio ambiente y la sostenibilidad ha llevado a muchos consumidores a buscar alternativas más ecológicas. El consumo colaborativo ofrece una forma de maximizar el uso de recursos ya existentes, reduciendo así la necesidad de producir más bienes y minimizando el desperdicio.
  3. Economía y ahorro: En tiempos de incertidumbre económica o simplemente por un interés en el ahorro personal, muchas personas ven en el consumo colaborativo una forma de acceder a bienes y servicios de calidad a un costo menor. Ya sea compartiendo un viaje en coche, alquilando una habitación en una casa o intercambiando habilidades, el consumo colaborativo puede ofrecer soluciones más económicas que las tradicionales.
  4. Cambio en los valores de consumo: Hay un cambio cultural en curso donde la posesión de bienes ya no es vista como una prioridad o un símbolo de estatus para muchas personas. En lugar de ello, las experiencias y el acceso a los servicios y bienes cuando se necesitan están ganando importancia. El consumo colaborativo permite a las personas acceder a lo que necesitan sin la necesidad de poseerlo permanentemente.

Estos impulsores reflejan un cambio en la forma en que la sociedad percibe el valor, la propiedad y la comunidad, y se espera que el consumo colaborativo continúe creciendo y evolucionando en el futuro.

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